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José Picciotto, La relación dinámica entre naturaleza y diseño

Desde hace más de dos décadas, José Picciotto y su equipo en Picciotto Arquitectos han tomado el diseño sustentable como uno de sus principales referentes para erigir proyectos. En esa lógica, su concepción de hacer edificios en un diálogo permanente con el entorno lo ha colado como uno de los mayores exponentes de la edificación verde. Esta entrevista explica al hombre y sus ideas

Antonio Nieto, Fotografía: Rubén Darío Betancourt

Es uno de los pioneros de la edificación sustentable en México. Para el arquitecto José Picciotto, construir así es una manera de traer el concepto primigenio con el que nació la arquitectura, de modo que hablar de esta noción no es nuevo, pero sí necesario. Incluso, él mismo concibe que construir sustentablemente no es haber encontrado el Santo Grial de la arquitectura, sino hacer caso a aspectos fundamentales como la reducción del consumo energético en un inmueble.

En los edificios que ha diseñado en México una huella verde queda como testigo de la concepción que ha formado su despacho, que consiste en diseñar y reflexionar sobre cómo hacerlo. Ésta es una visión crítica del arquitecto Picciotto en la que desmitifica conceptos como testimonio de sus experiencias y la trasformación que lo ha llevado a consagrase. Como un imperativo categórico, sólo hace lo que corresponde hacer al diseñar: ser responsable del entorno.

La arquitectura no sólo tiene que ver con diseñar, sino el cómo organizar los procesos, con muchas facetas de la vida diaria

Smart Buillding (SB): ¿Cómo llegaste a la arquitectura?
José Picciotto (JP): Fue casi por eliminación. Sabía que debía estudiar algo, e iba eliminando las licenciaturas que no me agradaban o para las que sentía que no era capaz, como medicina o leyes. Entonces la arquitectura quedó aislada y de ahí partí. No sabía en qué me metía; no dibujaba bien en la preparatoria.

Mucho de mi gusto por la arquitectura fue por el círculo en el que estaba. Yo tuve la suerte de estar con amigos que la ven como una forma de vida. Observas la ciudad de una forma particular. Estudias las ciudades, y cuando la visitas parece que ya las viviste y ya sabes por dónde moverte.

SB: ¿Cómo defines la arquitectura?
JP: Es una forma de vida. Aprendes a leer las cosas, los flujos. Por ejemplo, en Tokio la entropía está perfectamente ordenada, funciona de una manera increíble, todo fluye; se siente tranquilo, ordenado. Y son miles de personas caminando de aquí a allá. Las ciudades las hace la arquitectura. Creemos que todo lo que está construido puede llamarse arquitectura, hay que diferenciarlo. Sin embargo, el proyecto debe estar integrado a la ciudad, y cuando estás diseñando debes pensar en ella y cómo va impactar a nivel urbano y visual, en el remate, en la colindancia, en cómo se arma con el contexto. Las obras que perduran son las que se vuelven atemporales, contemporáneas, las que sí fueron pensadas.

La arquitectura es increíblemente compleja y completa. De ella se derivan todas las ingenierías. La definición de arquitecto tiene muchas connotaciones: es el oficio de saber dirigir, saber coordinar. Como decía Ramírez Vázquez: es ser un gran organizador.

La arquitectura no sólo tiene que ver con diseñar, sino el cómo organizar los procesos, con muchas facetas de la vida diaria. Uno cree que hacer un edificio de 80 pisos es más complejo que hacer una casa, pero es más complejo hacer la segunda.

SB: Parece que hay un boom de los sustentable. ¿Cuánto de esta noción es aplicable a la arquitectura?
JP: El término sustentable y bioclimático son apellidos sexis que le han puesto a la arquitectura, sin embargo, desde su origen ya tenía implícito el tomar en cuenta las fuerzas naturales, como la luz o el Sol. Hoy llamarle sustentable o de otras formas es rescatar lo que se dejó de aplicar, pero la arquitectura debería cumplir eso en todo su espectro.

Por ejemplo, la inteligencia y la sustentabilidad son lo mismo. La arquitectura tiene que ser responsable y dejó de serlo, se volvió muy comodina, recargándose en las ventajas tecnológicas que nos brindó la Posrevolución Industrial, como todos los elementos mecánicos que sustituyen el mal proyecto y el mal diseño y que hacen consumir energía.

Para mí la sustentabilidad es una actitud hacia la resolución de problemas. Del cien por ciento de un edificio al aporte de huella de carbono, el 80 por ciento es durante su vida útil y el 20 restante a lo largo de su procedimiento de construcción, de dónde proviene el material, cuánto consumió y si es reciclado, etcétera. Por eso yo me enfoco mucho en el consumo energético, porque un edificio durante su vida útil estará succionando energía del entorno.

Si se pone un límite al consumo energético de los edificios, entonces se realizará un buen diseño y éste será lo más eficiente posible

SB: ¿De acuerdo con estos conceptos, cuál sería uno de tus proyectos cumbre?
JP: En todos, en mayor o menor medida, buscamos que el consumo sea el menor posible. Estamos conscientes de que se requerirán elementos mecánicos para calentarlo o enfriarlo, pero es curioso que en esta ciudad los edificios son enfriados, aunque aquí no se requieren estos elementos; pero hay otros aspectos como el ruido y el polvo que son muy difíciles de controlar, por eso es que cierran los inmuebles por completo.

SB: ¿Cómo interpretas la sustentabilidad ahora?
JP: Desde hace 30 años nosotros hemos tenido esta bandera. Hemos defendido mucho la manera de hacer las cosas. No es que hayamos descubierto el hilo negro, sino que identificamos que es una forma sensata de llegar a un objetivo que buscábamos. En Europa han aprendido a construir edificios muy eficientes porque su energía es muy cara. En México, tenemos una cultura del desperdicio de “diez” (luz, agua, comida).

El pastel del consumo energético se lo reparten de esta manera: el entorno edificado, le corresponde el 50 por ciento; la industria, otro 25, y el resto, los automóviles. La industria de la edificación no está regulada. Por ejemplo, en el sector automotriz, se regula el consumo y la polución que emite; eso es lo que deberían hacer con los edificios. Esa es la fórmula. Si yo tengo un terreno en Reforma y hago 100 pisos, y hubiera una regla que dijera que sólo puedes usar 50 watts por metro cuadrado, uno debe echar mano del ingenio. El ingenio se vuelve un tema de diseño. Se habla de LEED, de puntos, de certificación, cuando todo se puede resolver con diseño.

SB: ¿De dónde has abrevado el conocimiento que te ha llevado a tener estas ideas?
JP: He aprendido de muchos. La inquietud ha sido una de las principales actitudes frente a esto, al deseo de aprender. El buscar hacer un edificio eficiente nos da una cantidad de información increíble para diseñar. ¿Cuál es el primer paso para el diseño? Comienzas por dónde sale el Sol, la orientación del viento.

Nos dimos cuenta del otro lado de la dimensión, que hay que rescatar otras cosas, dónde pones focos, aires acondicionados y cosas mecánicas, y todo lo que importa es el formalismo y la estética. Muchos han levantado grandes monumentos de concreto, pero que en invierno son inhóspitos.

SB: ¿Qué es lo más valioso que has aprendido durante todo este camino?
JP: A que la arquitectura es una sola. Le podemos poner todos los apellidos que se quieran, pero va en conjunto con todos estos acompañamientos de los que hemos hablado. Lo más importante de la arquitectura es aprender por qué se hacen las cosas, no sólo la imagen o el terminado. Puede tener por fuera una buena cara, pero por dentro estar hueco. No hay crítica, no hay análisis.

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