Vivimos en un tiempo en el que los medios nos bombardean constantemente con noticias alarmantes sobre la calidad del aire de nuestras ciudades. No es para menos.

Ciudad de México, mayo de 2019: se alcanzan niveles de contaminación atmosférica nunca vistos hasta la fecha y que colocan a la ciudad entre las cuatro más contaminadas del planeta. En este caso, una serie de circunstancias como la ubicación geográfica, la sequía o las altas temperaturas magnifican el efecto de los incendios cercanos y del tráfico rodado, alcanzándose niveles de ozono y partículas en suspensión tremendamente nocivos para la salud. Condiciones similares a diferente escala se dan en otras ciudades como Santiago, Lima, Madrid o Barcelona.

Parece evidente que la solución pasa por atacar el problema de raíz, suprimiendo los focos de polución que, no sólo contaminan el aire, sino que contribuyen al calentamiento global, auténtico caldo de cultivo del incremento de los desastres naturales que nos acucian (sequías, incendios e inundaciones, entre otros). Si bien transformar nuestra manera de consumir, producir y transportarnos, en definitiva, nuestro modelo de sociedad, puede llevar años. Entretanto, debemos dotar a nuestras ciudades y parque edificatorio de herramientas que limiten la contaminación, protejan a la población y garanticen su salud.

Estas estrategias de carácter inmediato han de acometerse a nivel urbano: creando zonas de tráfico limitado, fomentando el uso de transportes alternativos, o instalando elementos capaces de absorber las sustancias nocivas del aire (como superficies constructivas fotocatalíticas o bancos urbanos capaces de purificar el aire).

Pero también es fundamental llevar a cabo estrategias a nivel edificio que garanticen la calidad ambiental interior. De hecho, el aire de nuestros espacios interiores está habitualmente entre 2 y 5 veces más contaminado que el aire exterior en algunas categorías. Entre las medidas que pueden implementarse podemos destacar la selección de acabados interiores y mobiliario no emisivos, la optimización de los sistemas de ventilación con filtros de alta eficiencia, o la disposición de purificadores interiores.

Según la OMS, anualmente mueren 7 millones de personas debido a la contaminación ambiental. Representantes municipales, promotores, arquitectos y particulares, todos pueden contribuir desde su parcela para revertir la situación. La baja calidad del aire es un problema que urge acometer.

Pablo Muñoz
Cofundador y CEO de Espacios Evalore. Arquitecto y consultor en sostenibilidad y salud en el sector de la construcción. Cursó estudios de arquitectura en la Universidad de Valladolid, España. Realizó una maestría en Sostenibilidad en la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CCNY) y trabajó como consultor en eficiencia energética para Steven Winter Associates.

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