La aportación de los sistemas inteligentes a la edificación se ha vuelto casi imprescindible para la construcción de edificios de gran altura, dados sus aportes para el control de accesos, seguridad y bienestar de los ocupantes, todo ello con un consumo eficiente de la energía. El crecimiento de este ramo es un terreno fértil, pues sus posibilidades siguen aumentando

Por Silvia Hernández

Tanto en Estados Unidos como en Europa, cuando comenzaron los ensayos de electrodomésticos de última generación y dispositivos automáticos para el hogar como aire acondicionado y alarmas- se encontraron con una nueva disciplina arquitectónica encargada de los automatismos, a la cual se la llamó domótica.

Definir a un edificio como domótico implica que éste posee automatismos integrados entre sí y relacionados con el usuario; además de que es capaz de gestionar sus acciones con el propósito de cumplir sus objetivos, que son, principalmente, lograr el máximo confort y conseguir la mayor economía, considerando la reducción de impactos ambientales.

La Asociación Española de Domótica e Inmótica (CEDOM), que reúne a todos los agentes del sector, define a la domótica como un sistema de control y automatización de funciones, basado en equipos que intercambian información e interactúan, y que ofrecen al usuario prestaciones relacionadas con diferentes aspectos de la actividad cotidiana; se desarrolla en la vivienda y está dirigidos a mejorar la calidad de vida de las personas que la habitan. De esta manera, racionaliza los consumos en general, incrementa la seguridad y aumenta la comodidad.

Cuando se le encuentra incorporada al equipamiento de edificios de uso terciario o industrial (oficinas, edificios corporativos, hoteleros, empresariales y similares) se le denomina inmótica, dejando el término domótica para el sector residencial. Ahora bien, el avance tecnológico aplicado a los espacios de trabajo, específicamente desarrollados y diseñados para cada función, ha demostrado ser el responsable de generar un alto rendimiento laboral.

Si bien la situación de la energía es crítica en el mundo, la Unión Europea prescribe que no se disminuya la calidad del medioambiente interior, considerando que esto afectaría la salud, la productividad y el confort de los ocupantes, por lo que se detecta como una acción habitual el desarrollo de diseños con tecnologías, en las que se incluyan los sistemas necesarios a fin de lograr el confort de los trabajadores.

Confort, percepción e implicación económica
El confort se define como un conjunto de parámetros físicos, visuales, auditivos, térmicos u olfativos, los cuales influyen, en menor o mayor medida, en la percepción de comodidad de los usuarios.

Existen otras variables como la temperatura exterior y el ambiente interior, la humedad relativa y velocidad del aire o la temperatura radiante media que, sumados a los parámetros  fisiológicos, el metabolismo y hasta la vestimenta, deberían ser considerados por los sistemas inteligentes.

Estas plataformas también consideran el accionamiento de parasoles y persianas, la iluminación, cantidad de personas, entre otros aspectos. Por otro lado, se ha comprobado que el usuario no es receptor pasivo de las condiciones alcanzadas; incluso, varios autores afirman que factores personales (constitución corporal, género e ingesta de alimentos) y parámetros del entorno inmediato (clima exterior) afectan la percepción térmica de las personas.

En Spot-Monitoring zum thermischen Komfort in Bürogebäude, el arquitecto Ernesto Kuchen determinó que los usuarios manifiestan que “aún en espacios con condiciones térmicas constantes son capaces de experimentar procesos de adaptación, como por ejemplo: modificar los niveles de ropa, la posición de un termostato, controlar la apertura de puertas y ventanas, ajustar un parasol, etcétera, pudiendo aceptar condiciones térmicas que les son impuestas”.

En concordancia con trabajos de Hellwig y Boestra, el experto concluye que los usuarios no son receptores pasivos del ambiente térmico, sino que mantienen una actitud crítica que se traduce en la habilidad de adaptación.

Los sistemas de automatización se encargan de monitorear todas las actividades del inmueble

Interacción
Diversos estudios sugieren que proveer a los usuarios de la posibilidad de tener control sobre su ambiente interior aumenta el confort térmico y visual, incluyendo la satisfacción de la calidad del aire.

Asimismo, existe una tendencia aplicable para estos edificios inmóticos. Algunos autores, como Vastenburg, determinaron que los participantes están dispuestos a delegar el control para facilitar el uso de los sistemas, pero no quieren dejarlo en sus manos cuando éstos son complejos e impredecibles; es decir, desean interactuar con el sistema de control sin mayores dificultades.

El estudio permite suponer que en las oficinas inmóticas se debería contemplar la actitud crítica de los usuarios y su voluntad de cambiar las condiciones de confort que le han sido determinadas. Esto se traduce en la habilidad de adaptación sumada a la interacción con los sistemas.

Sistemas inmóticos
La mayoría de los edificios inmóticos cuentan con los siguientes subsistemas:

  • Subsistema de control y seguridad técnica. Se encarga de la vigilancia de personas y bienes, del control de acceso al edificio, de dar aviso a mantenimiento de fugas y fallos, así como a la detección y apagado de incendios
  • Subsistema ambiental. Enfocado en la iluminación, el ambiente acústico y la temperatura en el puesto de trabajo. También regula la iluminación en función de la luz natural; gestiona zonas comunes y controla luces encendidas y aire acondicionado
  • Subsistema automatización de la actividad. Fija el control de gestión, transmisión de datos, comunicación e intercomunicación entre los dispositivos y el usuario final; de manera general, es el encargado de la ofimática. Dentro de este subsistema interactúan otros sistemas, como soportes y redes para teleconferencias y transmisión simultánea, o la comunicación vía satélite; también se consideran los sistemas de archivos para guardado de carpetas de datos
  • La inmótica, con su aplicación de software y diseño arquitectónico, representa una eficiente tecnología para usuarios y edificios; sin embargo, necesita de más investigación y mejoras en la aplicación
  • Existen voluntades que no se respetan o deberían mejorarse, así como diseños de sistemas aplicados que requieren evolucionar
  • Según los procesos de adaptación de Kuchen, hay usuarios que tienen una actitud crítica y voluntad de cambiar las condiciones de confort que les han sido determinadas, lo que se traduce en su habilidad de adaptación e interacción con los sistemas
  • Es tarea de los profesionales proveer las posibilidades de implementar estas adecuaciones mediante el diseño de sistemas inmóticos (con interfaces) y su integración en el diseño arquitectónico.

El avance de los sistemas inmóticos continúan incompletos: se han detectado algunos desencuentros entre la tecnología y el usuario, aspecto que ha provocado la necesidad de tecnología que permita la interacción y modificación de las condiciones dadas por los sistemas

Perspectivas
Con el fin de adaptar este software a espacios con múltiples usuarios y actividades, es fundamental contar con sistemas de adaptación de confort individual; se propone una solución que combine la programación automática, considerando variables de espacios más pequeños y de datos ingresados por los usuarios.

Una situación particular en estos edificios se da en los sistemas de control de ingresos, ya que la seguridad es una preocupación para los administradores. No obstante, el avance de los sistemas inmóticos continúan incompletos: se han detectado algunos desencuentros entre la tecnología y el usuario, aspecto que ha provocado la necesidad de tecnología que permita la interacción y modificación de las condiciones dadas por los sistemas, algo que reclaman los usuarios.

Es necesario, en consecuencia, considerar en el diseño la inclusión de más interfaces gráficas, la comprensión del usuario y definir la interacción con tales consideraciones, trabajando en un área de tecnología sumada a la sociología y al diseño.

Por tanto, el diseño centrado en el usuario debería dejar de ser una utopía y convertirse en un tipo de proceso; asimismo, la integración de la tecnología desde un inicio también debería considerarse necesaria, dejando de lado el diseño sólo estimado por profesionales.

Así, la creación de edificios inmóticos pasaría a ser holístico y a considerar esa masividad de usuarios, con una resolución de problemas en múltiples niveles. Contemplar y diseñar incluyendo la singularidad es difícil, pero marca los nuevos objetivos. Sin duda, esta tendencia se encontrará en el avance que se espera de los sistemas, el diseño y el desarrollo de los ambientes inteligentes.

 

Silvia Hernández
Arquitecta egresada de la Universidad Nacional de Córdoba, en Argentina. Cuenta con grados en Urbanismo y Diseño por esta Universidad. Es profesora e investigadora de la Facultad de Arquitectura en dicha institución.

Acerca del autor

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