¿Cómo es que un estadio de béisbol puede combinar lo mejor en innovación y diseño y al mismo tiempo ser un coloso que ahorra energía y que es, en esencia, sustentable? Hay que pensar en ligas mayores para conseguirlo

Por: Antonio Nieto

Soportado por estructuras metálicas, un tridente juega con la gravedad y le da identidad al equipo de los Diablos Rojos y a su afición. Esta combinación de luz y geometría es ahora un símbolo del béisbol mexicano.

En este caso, la arquitectura resignifica y le proporciona afinidad a la gente con el presente y el pasado; lo moderno y lo antiguo se conjugan en un ritual. Eso es lo que se representa en el atrio del estadio, en donde un conjunto de estructuras da la bienvenida con un lenguaje arquitectónico que alude al juego de pelota mesoamericano, al tiempo que sostiene una portentosa estructura de metal donde descansa el gigante emblema del equipo mexicano.

Con su diseño climático, las estructuras trapezoidales reducen el consumo energético

Con una capacidad para 20 mil personas y ubicado en el complejo deportivo Magdalena Mixhuca, el estadio de los Diablos Rojos, Alfredo Harp Helú, que se inauguró este año, tiene exigencias arquitectónicas exquisitas, no ignorando que lo audaz y elegante no está peleado con lo armonioso y sustentable. Eso es este estadio: un conjunto de delicadas características que lo hacen único.

Los arquitectos de este concepto estuvieron frente al reto de imaginar un estadio del futuro; al menos esa fue la petición de su inversionista: Alfredo Harp Helú. Frente a ello, estaba la combinación de ideas que dieran fruto a un estadio sustentable, innovador, moderno, integrado con el entorno y, sobre todo, que representara la esencia de lo mexicano.

¿Cómo trazar ese proyecto? Quizá esa fue la pregunta que hizo conversar apasionadamente a Alonso de Garay, de Taller ADG, con Francisco González, de FGP-Atelier, creadores del mejor estadio de béisbol jamás construido en México.

 

Nacido del diseño arquitectónico, el tridente se ha vuelto parte de la imagen del equipo de los Diablos Rojos

Pasividad inteligente y sustentable
El diseño ha contemplado sistemas pasivos, como las estructuras trapezoidales que reciben en la entrada del estadio –una alusión clara a la arquitectura prehispánica–, cuya característica dota al estadio de soluciones altamente eficientes. Estas estructuras cuentan con dobles pieles, la exterior la constituyen elementos prefabricados, en el interior contienen una capa de cristal vertical, en conjunto da como resultado un pasillo perimetral que, gracias a este sistema de capas, cuenta con una persiana natural.

 

Como elementos pasivos, reducen la temperatura, ergo, el consumo energético. No ha sido necesario instalar sistemas de climatización porque es confortable de manera natural.

También, la inteligencia constructiva estuvo detrás del estadio a través de un kit de partes, que fueron la solución al tiempo reducido que se tenía contemplado en un principio para la construcción (tres años), logrando un armando muy estructurado.

30 % de reducción en luminarias dentro de los canopies mediante el uso de membranas de PTFE, ya que funcionan como un reflector

En cuanto a la integración de la iluminación, con el uso de membranas de PTFE se pudo reducir en un 30 por ciento el número de luminarias que están dentro de los canopies, ya que funcionan como un reflector. Opera así: una vez que la luz cae sobre el textil, se expande el espectro luminoso y se alumbran de forma más homogénea los espacios. Durante el día es traslúcido y da una sensación de cielo luminoso.

 

Respecto del manejo de agua, los arquitectos proyectaron tener recuperación pluvial. Cuenta con una planta de tratamiento y cisternas gigantes para recolección de agua. Se desarrolló una interfaz para analizar las pendientes de las cubiertas y en función de ello se integró un sistema Geberit Pluvial para la captación.

La iluminación fue uno de los aspectos de mayor cuidado

Otra estrategia fundamental para hacer más sustentable este recinto fue el pasto. Luego de un análisis sobre si elegirlo artificial o natural, se determinó que el sintético con caucho era la mejor opción, pues brinda una sensación de naturalidad y reduce el costo de mantenimiento en gran medida. Con lluvia, prácticamente se autolava, ya que cuenta con un sistema de filtración avanzado.

 

En la parte de materiales, el proyecto contempló reducir la huella de carbono significativamente, pues, salvo las columnas de acero (traídas de Asia), y el textil francés, (que forma parte de la membrana), el graderío modular suizo marca Nussli y las butacas son españolas Euroseating, todos los materiales constructivos fueron locales.

Espacio integrado con el entorno
Una de las insignias de este diseño es que se preocupó por la integración del espacio. Cuenta con canchas pequeñas de béisbol para niños a un costado. El estadio tiene un componente social que estimula a las personas a habitar su ciudad de una manera diferente.

El estadio contempló el uso de materiales constructivos locales

La plaza está diseñada con elementos que hacen retrotraerse a un espacio prehispánico, al juego de pelota específicamente. Este binomio, modernidad y antigüedad, se representa con elegancia.

 

Hace más de siglo y medio, el mundo vio por vez primera la sede de lo que se convertiría en el “rey de los deportes”: el primer estadio construido en Estados Unidos.  El paso del tiempo ha dado lugar a numerosos estadios con diseños soberbios, que dieron y siguen dando vueltas a las mentes de sus creadores.

Estas ágoras de las pasiones por el jonrón y los triple plays tienen representantes tecnológicos que han evolucionado para hacer de la experiencia del juego algo más allá del deporte en sí, como el estadio Chase Field, en Arizona, que tiene una alberca panorámica y un techo retráctil.

Sin embargo, el fomento de la plaza pública y la identidad que genera el estadio de los Diablos Rojos son el resultado de la audacia de los arquitectos De Garay y González, quienes gestaron un lugar que ha transformado a la Ciudad de México, y para quienes este recinto no le pide nada a los construidos en cualquier parte del mundo.

Hace años, en una entrevista para Jot Down, la arquitecta española Victoria Garriga criticaba que la arquitectura “se ha desentendido del mundo para preocuparse sólo por los edificios, entendidos como objetos”, y que, añadía, ha traído como consecuencia piezas sin contexto, sin vínculo con la vida y las personas. El estadio de los Diablos Rojos aspira a restablecer esta conexión.

El estadio fue pensando para integrarse al entorno

Año de inicio
2014

Finalización
2019

Área bruta construida

  • Límites de propiedad 80,000 m2
  • Edificio y campo de juego 60,000 m2

Capacidad
20,000 personas

Sobresalientes

  • Captación pluvial
  • Materiales locales
  • Bioclimático

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