Luxury highland single malt scotch es la fórmula que define la esencia de The Dalmore, un whisky excepcional, de abolengo, dirigido a un público de paladar exigente y entusiasta de la buena vida

Por: Ricardo Donato, Fotografía Cortesía: The Dalmore

Como sucede con la aristocracia, en el mundo del whisky hay una jerarquía bien establecida basada en la virtud y el linaje. A la cabeza de esta familia real de bebidas está The Dalmore, un luxury highland single malt scotch, en palabras de Alexis Uribe, embajador y brand manager de la marca para México y Centroamérica.

The Dalmore en sus versiones de 12, 15 y 18 años, todo un luxury scotch single malt de las Highlands de Escocia

¿Qué quiere decir esto? Comencemos por el nombre: whisky con “y” refiere únicamente a los destilados elaborados, añejados y embotellados en Escocia; en cambio, escrito con “e”, alude a las bebidas procedentes de otras regiones y países.

Luego está el terruño donde nace: procedente de las Highlands (tierras altas), una de las cinco zonas de producción de whisky escocés (scotch), no se trata de cualquier plebeyo, como la mayoría de los blended scotch que inundan el mercado; al contrario, estamos ante un verdadero rey de una sola malta.

“Básicamente, sigue procesos más artesanales. Single malt quiere decir que se produce en una sola región y misma destilería, bajo la supervisión de un solo productor; no se mezcla nada, a diferencia de los blend elaborados a partir de distintas zonas, whiskys y destilerías”, explica Uribe.

Richard Paterson, The Nose, master distiller de The Dalmore

Otra peculiaridad es la pureza y mineralidad del agua utilizada en su elaboración, la cual proviene de un lago a 20 kilómetros de la destilería de The Dalmore, ubicada en Alness, en las extensas praderas de las tierras altas escocesas.

Pero quizá su rasgo más distintivo es su largo tiempo de añejamiento: “un scotch debe añejarse mínimo tres años en barrica de bourbon, pero para los single malts el mínimo es de 10, a fin de otorgarle una mayor calidad”, afirma el brand manager de la marca.

Las barricas son “el corazón y el alma” de The Dalmore, prosigue Uribe; la base es la de bourbon, para luego pasar a las de Jerez de la bodega española González Byass (Apóstoles, Matusalem Oloroso, entre otras), e incluso de Madeira, de Oporto y hasta de Champagne, dependiendo de la etiqueta.

Todo el proceso, además, es supervisado por el master distiller más renombrado de la industria del whisky de la actualidad: Richard Paterson, también conocido como The Nose (“la nariz”).

Resultado: una bebida excepcional, que expresa lujo en cada trago; un scotch robusto, elegante, con una intensa gama de colores y un bouquet inconfundible, compuesto por aromas cítricos, florales y especias como canela, jengibre y clavo, así como notas a tabaco, vainilla, almendras, cacao, piloncillo, café y cuero. Un whisky para celebrar la buena vida y decir como los escoceses: slàinte mhath!, es decir, ¡buena salud, buena fortuna!

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