Por Pablo Muñoz

Escribo estas líneas en un momento en el que las muertes causadas por coronavirus parecen descender en todo el mundo. El pico más alto de la pandemia ha pasado, pero la amenaza sigue como mínimo latente. Hemos entrado en una nueva era: la era pospandemia. A la espera de que llegue una vacuna o un tratamiento efectivo contra la covid-19, se espera que toda nuestra vida se vea agitada por el contexto global sanitario. A nivel de nuestros edificios de oficinas, esto supondrá una serie de cambios que afectarán a su configuración y al uso que hacemos de ellos. Algunos de estos cambios llegarán para quedarse.

Por un lado, se implantarán una serie de protocolos para regular nuestra manera de interactuar con los edificios dentro de ellos. Para empezar, se fomentará el teletrabajo. No el impuesto que vivimos durante la cuarentena, sino uno que nos permita maximizar nuestra productividad y conciliar nuestra vida profesional con el ámbito personal. Por ello, los nuevos espacios deberán ser flexibles y dimensionarse en base a este porcentaje asistencial de trabajadores, pero considerando también el distanciamiento mínimo. A este efecto se incluirán códigos visuales, con mobiliario o pintura en suelos o techos, que nos indiquen hasta donde llega la zona de seguridad de nuestro puesto de trabajo. En las zonas de mayor tráfico se establecerán direcciones de tránsito para evitar aglomeraciones. Asimismo, se incorporará como práctica habitual la medición de la temperatura en el acceso y se establecerá un protocolo de limpieza desinfectante.

En lo referente a la propia configuración de los edificios, destacará el uso de dispositivos purificadores y desinfectantes para eliminar el virus del aire y de las superficies: sistemas de luz ultravioleta, de plasma o de ozono (precaución con estos últimos, pues el ozono es una sustancia potencialmente tóxica para la salud). Se monitorizará la calidad del aire interior, regulando la ventilación en función de ésta y de la ocupación. Además, se espera la proliferación de sistemas contactless en puertas y tornos, y el uso de acabados constructivos y mobiliario con componentes viricidas.

Muchas de las nuevas estrategias serán muy visuales y tendrán como objetivo la concienciación. Al fin y al cabo, éste es un problema que requiere de la colaboración de todos, como habitualmente resaltan las autoridades. Pero a esa responsabilidad individual hay que sumarle los esfuerzos de empresas y administraciones. Tomemos esta crisis como una oportunidad para diseñar y construir mejor. Que nuestros edificios sean reflejo de esta nueva sensibilidad, no sólo a la pandemia, sino también al impacto que la arquitectura tiene sobre nuestro bienestar físico y mental.

 

Pablo Muñoz
Cofundador y CEO de Espacios Evalore.   
Arquitecto y consultor en sostenibilidad y salud en el sector de la construcción.
Cursó estudios de arquitectura en la Universidad de Valladolid, España.
Realizó una maestría en Sostenibilidad en la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CCNY) y trabajó como consultor en eficiencia energética para Steven Winter Associates

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