La recién electa jefa del Gobierno de la Ciudad de México tiene credenciales suficientes para convertir a esta urbe en una de las más limpias del mundo. Es miembro del Panel Intergubernamental contra el Cambio Climático (galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 2007) y doctora en Ingeniería Ambiental, cuya investigación la realizó en la Universidad de Berkeley. Sin más, su tesis de maestría fue sobre ahorro de energía en iluminación en los sectores residencial y comercial.

También fue secretaria de Medio Ambiente del Distrito Federal e incorporó proyectos efectivos para la reducción de emisiones en la capital. Como científica, ha realizado numerosas investigaciones en el campo energético y de energías renovables.

Con todo ello, deberá hacer política. Y esto implica acuerdos con las diversas cúpulas empresariales, crear espacios de convergencia y reglas para la gestión de una metrópoli que a veces parece regurgitarlo todo. Y la política pasará por una difícil discusión acerca de lo que se debe hacer y de lo que no se puede hacer.

Al respecto, uno los temas más peliagudos será el referente a los límites que se plantean para los proyectos inmobiliarios. El plan de la esta nueva gestión busca, entre otras cosas, hacer efectivo los pagos asociados a la mitigación de desarrollos inmobiliarios, a fin de que éstos sean aplicados a la infraestructura urbana y la promoción de áreas verdes y espacio público. Es decir, que a cada uno le sigue un aporte a la construcción de una ciudad más habitable y con menor huella ecológica.

El tamiz por donde debe pasar esta política deberá priorizar a las personas y su entorno, crear mejores ciudadanos a través de una mayor habitabilidad y el combate a la exclusión social, el rescate del espacio público por encima de la gentrificación.

La regulación sobre edificaciones sustentables, aún cuando existen certificaciones para reducir los impactos ambientales, deben ser más exigentes. En España, se plantea la penalización de generación de CO2 a través de un impuesto, una propuesta que en México no sería necesaria de contar con verdaderos compromisos.

La Ciudad de México sí ha modernizado sus sistemas de emisiones. La iniciativa privada y organismos gubernamentales e instituciones de diversa índole se han reunido para crear normas y nuevos pasos para la reducción del impacto medioambiental de las edificaciones.

En los esfuerzos conjuntos, una nueva gestión bajo el mandato de una destacada científica es un aliciente, no sin el acompañamiento y diálogo de los desarrolladores de tecnología, los especialistas en gestión energética y la sociedad.

Antonio Nieto
Director Editorial de Grupo Editorial Puntual Media

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