La aplicación de estrategias sustentables a los procesos de construcción y desarrollo urbano en nuestras ciudades se ha enfrentado históricamente a una constante lucha entre un simple análisis de costos versus la proyección de utilidades que ha limitado (o al menos retrasado) el crecimiento de una visión sostenible de la arquitectura. Esto pareciera dejar la responsabilidad (y muchas veces el estigma) en el desarrollador inmobiliario, sin considerar que esa responsabilidad está ligada a toda la cadena de valor y producción de un edificio.

En primera instancia, está el equipo de diseño y construcción, cuya visión holística resulta indispensable para cumplir con las disposiciones básicas de diseño regenerativo, simplificando la toma de decisiones, proponiendo soluciones verdaderamente eficaces, controlando la evolución del edificio, y garantizando su viabilidad económica.

En segunda instancia está la participación de las autoridades competentes en materia de desarrollo urbano, responsables de la generación de políticas públicas que fomenten este tipo de inversiones, de mecanismos de regulación y tramitología que faciliten su financiamiento, y de estímulos fiscales que permitan compensar sobrecostos asociados a este tipo de edificaciones.

En tercera, la participación del cliente final, mediante la exigencia de un producto más consciente y de mayor calidad, y con la visión de que aun cuando la inversión inicial por este tipo de espacios pudiera ser mayor que en uno tradicional, el comportamiento financiero en la vida útil de un edificio sustentable tendrá mayor productividad y plusvalía. Este fenómeno es ya visible en el mercado corporativo de las principales ciudades del país.

Y, finalmente, está la participación del promotor de bienes raíces. Si bien es cierto que el desarrollo inmobiliario en nuestro país tiene un largo camino por recorrer en términos de consciencia ambiental y de transparencia, es necesario entender que todo proyecto necesita de una estructura integral que favorezca la adopción de nuevos modelos de negocio, al mismo tiempo que ayude a reducir riesgos innecesarios para la inversión. Y eso no puede lograrse sino con la participación de todos los actores involucrados.

La sustentabilidad en arquitectura no debe entenderse como el simple ejercicio de aplicación de una herramienta tecnológica o de diseño a un edificio, así como tampoco la decisión solitaria de un individuo o grupo, es más bien un ejercicio coordinado de la sociedad, cuyo objetivo fundamental es lograr un mayor aprovechamiento de los recursos tecnológicos, espaciales, ambientales y materiales en beneficio de la propia comunidad.

Gerardo Goyeneche
Es arquitecto por la IBERO, cofundador de SAGO Arquitectos. Académico de vocación y activista ambiental por convicción. Miembro de ILFI, SUMe y TCRP.

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