Por Pablo Muñoz

 

Escribo estas líneas desde el confinamiento impuesto por el gobierno español debido a la crisis del COVID-19. Dos semanas de reclusión domiciliaria es tiempo suficiente para reflexionar acerca del impacto que el entorno construido tiene sobre nosotros y alcanzar algunas conclusiones.

Nuestra vivienda es a menudo percibida como un refugio, un lugar en el cual logramos calma tras una jornada intensa. Pero ¿qué sucede cuando nos vemos obligados a permanecer en ella? Es en este contexto cuando se hace más visible el efecto de la arquitectura en nuestra salud. Un impacto que en realidad siempre existe, también cuando no estamos confinados.

La calidad del aire interior (CAI), que habitualmente está de 2 a 5 veces más contaminado que el exterior, nos afecta negativamente. Sus consecuencias van desde el dolor de cabeza hasta el desarrollo de enfermedades respiratorias y del sistema nervioso en presencia de ciertos tóxicos. La solución a corto plazo es incrementar la ventilación. Utilizar purificadores de aire y productos de limpieza sin tóxicos también ayuda. Si bien, impera que comencemos a evaluar la composición de los materiales constructivos y el mobiliario de nuestros proyectos.

La iluminación también tiene un efecto drástico en nuestra salud. Nuestro organismo se autorregula de acuerdo con los ciclos solares. La baja exposición a luz natural y a su variable espectro lumínico puede conllevar la alteración de nuestro ciclo circadiano y el mal funcionamiento en la segregación de melatonina y cortisol. Es preciso maximizar la iluminación natural de la vivienda, así como escoger iluminación interior adaptable a los ciclos solares.

Por último, nuestra percepción del entorno inmediato, habitualmente alejado del medio natural del que procedemos, influye sobremanera en cómo nos sentimos. Un diseño biofílico, que incluya espacios exteriores, materiales naturales, o vistas a la naturaleza, contribuirá a nuestro bienestar físico y mental.

Durante estos días me acuerdo de mis amigos recluidos en apartamentos interiores, del todo insalubres, y pienso en la responsabilidad arquitectónica colectiva. Promotores y arquitectos, y también autoridades competentes, han de tomar conciencia e introducir el factor salud, en la ecuación del diseño residencial los unos y en sus esfuerzos por regular la vivienda los otros. Por las crisis que estén por venir y porque, entretanto, nuestra casa siga siendo un refugio al que acudir.

 

Pablo Muñoz
Cofundador y CEO de Espacios Evalore.   
Arquitecto y consultor en sostenibilidad y salud en el sector de la construcción.
Cursó estudios de arquitectura en la Universidad de Valladolid, España.
Realizó una maestría en Sostenibilidad en la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CCNY) y trabajó como consultor en eficiencia energética para Steven Winter Associates

Acerca del autor

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