El pasado 19 de septiembre nos recordó los riesgos de vivir en una zona sísmica. En los días y semanas posteriores al siniestro escuché muchas especulaciones en relación a los sismos, algunas no del todo ciertas. La intención de este texto es aclarar tres puntos referentes a este tema.

Como primer punto, la escala de Richter. Ésta es una forma de medición que define la magnitud de un sismo, es decir, la fuerza y cantidad de energía descargada. Los eventos telúricos tienen un epicentro (punto de origen) y la escala de Richter es una de las mediciones utilizadas. Esta última se refiere a la fuerza liberada en ese epicentro. La intensidad que sentimos cuando la onda sísmica nos llega depende de la distancia del epicentro, pues, mientras más lejano se encuentre, menor será su intensidad.

El terremoto del 19 de septiembre tuvo su epicentro en la zona de Puebla, registrando 7.1 en la escala de Richter. Aunque de menor magnitud que otros eventos recientes, la fuerza que llegó a Ciudad de México y otras zonas del país fue de mayor nivel de intensidad, debido a la cercanía del epicentro. De ahí que resultará devastador.

Cuando diseñamos estructuras no utilizamos la escala de Richter como criterio de diseño, más se toma en cuenta la aceleración de la tierra cuando tiembla y las características físicas del subsuelo de la estructura. El temblor del 19S llegó a aceleraciones momentáneas 2.25 veces mayores a las del sismo de 1985. Aun así, un edificio construido bajo las normas estructurales vigentes no tendría que haber presentado falla alguna.

Entonces, surge el segundo punto: ¿qué hacer en caso de terremoto? La respuesta no es tan simple, pues mucho depende de la calidad de la estructura de la edificación y la zona de la ciudad donde se encuentra. Cada zona está clasificada en tres, según su riesgo; mientras más alto sea éste, más estricto es el código de construcción.

Por ejemplo, para una edificación previa a 1985, con ubicación cercana a la zona histórica del lago, la recomendación será evacuarla lo más rápido posible; sin embargo, durante un sismo hay muchos peligros. El colapso total de una estructura es un riesgo extremo y catastrófico, pero relativamente poco probable.

En un edificio posterior a 1985, año en el cual se revisó el código estructural, la recomendación sería esperar en el edificio durante la duración de la sacudida para después evacuar con precaución, considerando que se pueden caer muebles, objetos o lámparas en el interior, así como cables eléctricos o cristales de edificios colindantes.

Ahora, como tercer punto están las nuevas torres altas en Ciudad de México, que se comportaron muy bien durante el 19S. La altura y esbeltez de estas estructuras (periodo largo) hizo que se sacudieran relativamente lento y pudieran disipar mucha de la energía sísmica en movimiento. De hecho, gracias a su geometría y alto nivel de ingeniería implícito en el desarrollo de un edificio alto, son probablemente las estructuras más seguras de la metrópoli.

Finalmente, no podemos olvidar que vivimos en una zona sísmica y tenemos que estar preparados. Debemos ser cautelosos, pero no debemos entrar en pánico. México, por su situación particular, ha desarrollado algunos de los mejores ingenieros en estructura y mecánica de suelo en el mundo, y yo tengo el privilegio de trabajar con algunos de ellos cada día.

Jean Michel Colonnier
Arquitecto, fundador y director del despacho Colonnier y Asociados

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